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Curso de apicultura
 
Elena María Robles (Dtra. en Ciencias Biológicas) y José Carmelo Salvachúa Gallego (Técnico Especialista en Explotaciones Agropecuarias) son los autores de este curso que, cada trimestre aparece en nuestra edición impresa de la revista de apicultura desde hace mucho tiempo y que, a partir de ahora, lo hará también en nuestra página web, desde su primer artículo. Los propios autores explican que su objetivo es fundamentalmente didáctico y creemos que servirá de gran utilidad a todos los que se inicien en el maravilloso mundo de la apicultura o para los que deseen recordar "viejos" conceptos.
 
Capítulo XVII: El calendario anual de tareas (II)
 
FEBRERO
En el interior peninsular domina el tiempo frío; en zonas de clima oceánico, Febrero es, a menudo, el mes más crudo, mientras que en las regiones mediterráneas, se suceden ya los días con temperaturas agradables que anuncian una incipiente primavera. En este tiempo florecen muchas plantas y arbustos de jardín, muy amenazados aún por las heladas, pero que constituyen el verdadero punto de partida de la añada que se avecina.
Los días son ya sensiblemente más largos: su duración varía entre las 10 horas y 5 minutos del primer día y las 11 horas y 19 minutos del último.

 

Tareas del mes

Mantener la atención sobre las reservas de alimento
La invernada es una de las etapas más duras que las colonias de abejas deben superar en su ciclo anual. Durante este periodo, de duración e intensidad variables según la ubicación del asentamiento, estos insectos despliegan estrategias tendentes a asegurar con éxito el trance, pero aún así, son muy dependientes de la infraestructura y de los cuidados que les procure el apicultor.
Como es sabido, las abejas son seres cuya temperatura corporal está subordinada a las condiciones climáticas exteriores (animales poikilotermos); cuando la temperatura baja, activan una serie de mecanismos para mantenerla dentro de unos límites, entre los que su vida pueda desarrollarse. Por una parte se agrupan y compactan para economizar calor formando el denominado “racimo de invernada”. El recurso de que disponen para producir ese calor proviene de la vibración provocada por los músculos alares; a su vez, esta generación de energía que eleva rápidamente la temperatura del cuerpo, se debe a un aumento del metabolismo*, directamente relacionado con el consumo de hidratos de carbono contenidos en la miel que ingieren.
A nivel apícola, estas particularidades de tipo fisiológico nos enseñan que cuando faltan las reservas de miel en la colmena o están mal ubicadas (alejadas de la piña de invernada), las abejas perecen, perdiéndose la colmena. Por tanto, la viabilidad de las colonias en invierno está fuertemente supeditada a la disponibilidad de las adecuadas reservas. Una buena parte de las elevadas mortalidades invernales y primaverales pueden imputarse al relajamiento o descuido del apicultor en lo referente a las necesidades alimenticias durante este periodo, en el que la abeja está muy limitada fisiológicamente para ir en busca de su sustento.
Comprobada la escasez de reservas de alimento en las visitas recomendables, es fundamental la rápida reposición de las mismas. Pero al mismo tiempo, y siempre que la cuantía de las reservas propias enlace con floraciones inminentes, es conveniente favorecer su consumo; el notable descenso de los depósitos de alimentos en la colmena, aunque de forma lenta aún, va poniendo en marcha el desarrollo del nido.

 
Velar por mantener/restablecer la salud de las abejas
Un aspecto importante, por las connotaciones de tipo económico que trae aparejado, lo constituye el mantenimiento de la salud de las abejas.
El apicultor, por ¿su proximidad? al ganado, ha de ser capaz de detectar lo antes posible, cualquier anomalía que pueda afectar al mismo. Su habilidad debe incluir la evaluación del comportamiento característico y la apariencia normal/sospechosa de los individuos de la colmena en sus diferentes estadios: huevo, cría abierta, operculada y abejas adultas. De este modo, cuando se observe cualquier desviación respecto a la regla, tratará de averiguar con prontitud la causa de tal discrepancia: varios huevos depositados en la misma celdilla, cría abierta que no presenta color blanco nacarado y brillante, larvas en posición anormal, opérculos arrugados o agujereados, olor inusual, alta agresividad, abejas temblorosas, negras brillantes y sin pelos, con alas dislocadas, manchas de diarrea en el frente de la colmena y sus proximidades, o cualquier otro indicio o comportamiento “extraño” tales como un desprendimiento de abejas del panal demasiado fácil, numerosa salida de abejas en vuelo al destapar los nidos, temblor sobre la “bola”, dispersión atípica sobre los panales, etc.
Estas cuestiones no significan que, necesariamente, todo apicultor deba ser un experto en sanidad apícola, pero sí que, gracias a las vivencias acumuladas en el desempeño de su oficio entre las que se encuentran el conocimiento de las enfermedades* más comunes o de mayor incidencia en su zona, cuenta con suficiente preparación técnica y disposición de ánimo para abordar el problema, inmediatamente adoptará, según corresponda, las pertinentes medidas higiénicas, profilácticas* o terapéuticas* conducentes a atajar la anomalía. En todo caso siempre es necesaria ante cualquier problema concerniente a la salud de las abejas, la toma de muestras (panal con cría y/o abejas adultas) para su envío urgente al laboratorio de patología apícola más cercano con objeto de que sea diagnosticada la posible dolencia con total fiabilidad. Nuestro consejo es tratar de conocer de forma razonable y objetiva la causa de toda pérdida de colonias, alejándonos de comportamientos tan arraigados como el autodiagnóstico o el fatalismo; esta conducta no menoscaba la solvencia profesional, más bien la refuerza.
Durante el mes y con carácter preventivo, se aplicarán medidas de higiene y limpieza que van a contribuir en gran medida al mantenimiento de los máximos niveles de salud en el ganado. Si esta medida no es suficiente, habrán de llevarse a cabo los tratamientos que se recogen y se prescriben en el plan sanitario.

 

Poner a punto el material necesario para la multiplicación y la reposición de colonias
Es momento de escoger las colmenas que se van a reproducir; la pregunta que cabe hacerse el apicultor es la siguiente: ¿Qué caracteres concretos quiero seleccionar en mis abejas?.
Con frecuencia el valor a una colmena no se le otorga por la posesión de una única cualidad, sino por el mayor número de ellas que reúne: rusticidad, poca tendencia a la enjambrazón, buen carácter en el manejo, económicas conlas reservas en el invierno, no pilladoras, resistentes a las enfermedades, con capacidad de respuesta rápida en la producción de cría a pesar de las variaciones del medio, buenas productoras de miel, recolectoras de polen...
Todas estas características sólo pueden llegar a conocerse mediante el seguimiento que debe realizarse a cada colmena, dejando constancia del mismo en las correspondientes anotaciones o fichas. De esta manera, al final de cada temporada, el repaso de los datos junto con el análisis de los resultados servirá para calificar a las colonias en virtud de su comportamiento. En consecuencia, los progenitores se elegirán en función de que sean poseedores de los rasgos que el apicultor quiere ver transmitidos y reflejados en sucesivas generaciones.
Seleccionado ya el material biológico, el apicultor todavía habrá de reflexionar sobre el método por el que se van a llevar a cabo las distintas operaciones. Los factores ligados al medio, el tiempo de que se disponga, el volumen de negocio, la exigencia en medios, el nivel de conocimientos y la experiencia, serán determinantes para decidirlo, pues aunque el objetivo es el mismo, los medios para lograrlo no lo son, o no se cuenta con todos ellos.
La preparación concluirá con la puesta a punto del material y los medios que van a emplearse: núcleos, ceras, colmenas, cuadros, ingredientes de las raciones alimenticias, cajas de reinas, etc., así como de los asentamientos en los que va a llevarse a cabo el proceso.

 
Renovar la porción anual de cera en las colmenas
La cera constituye el soporte natural de la colonia de abejas; hasta hoy resulta insustituible como cuna de todos los individuos que nacen en la colmena y como despensa de sus recursos alimenticios (miel y polen). Es un material escaso: la única de que puede disponer el apicultor es la que segregan sus propias abejas u otras terceras (mercado), porque mediante procesos industriales no se puede fabricar, afortunadamente para todos.
Debido al continuo uso y al refinado papel que la cera tiene encomendado dentro de la colmena, se va impregnando de sustancias que van mermando sus mejores cualidades de habitabilidad. Sin embargo, no todos los panales se ensucian o degradan a la misma velocidad; generalmente los que están situados en la cámara de cría, es necesario renovarlos con mayor frecuencia, debido a dos razones principales: la trascendencia de lo que en ella ocurre y la intensidad con que se produce.
El manejo relativo a la circulación y renovación de la cera en la colmena es una de las operaciones que más interés debiera despertar en el apicultor ya que de su sola despreocupación, no ya del desacierto, va a depender que la colmena despliegue todo su vigor o, por el contrario, se vea frenada en su desarrollo. Constituye un factor de salud de primer orden y de producción muy importante, así como un elemento muy capaz de amortiguar el instinto natural de las colmenas a enjambrar.
De acuerdo con un plan preestablecido, el apicultor procederá a sustituir metódicamente los panales “agotados” que estén vacíos. Paralelamente, se recolocará el nido de cría con el fin de que quede nuevamente estructurado o lo vuelva a estar enseguida, dentro de una previsión prudente, no exenta de incertidumbre, en la que interviene el tipo y cuantía de individuos de la colmena –entiéndase nodrizas- y el medio (flora-clima), que es donde finalmente radica el éxito/fracaso de una operación como ésta, teóricamente tan sencilla.

 
Rehacer el tamaño de cada asentamiento
Idealmente, el tamaño del colmenar habría de hacerse en función de que permitiera un aprovechamiento óptimo de los recursos comprendidos en su radio de exclusividad; pero a esta característica de tipo global han de unírsele otras no carentes de interés como son las condiciones físicas del terreno para la instalación de las colmenas, los accesos, la distancia a las instalaciones principales, la ausencia de vecindad conflictiva, la competencia con su misma o con otras especies, etc.
Una vez establecidos los asentamientos, han de emplearse al máximo teniéndolos permanentemente ocupados con el número mayor de colmenas programado; en general, aunque el número es muy alto para resultar determinante, si puede, sin embargo, llegar a serlo cuando la desigualdad entre las distintas unidades resulta notoria. Por ello se incorporarán, siempre que ello sea posible, unidades homogéneas en tipo y vigor, al tiempo que se retirarán las colmenas vacías, se suprimirán las débiles por eliminación o reunión y se aislarán, preventivamente, aquellas que puedan suponer una amenaza sanitaria para el resto, o los apicultores vecinos por aquello de la deontología* profesional, entre otras razones.