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Curso de apicultura
 
Elena Mª Robles (Dtra. en Ciencias Biológicas) y José Carmelo Salvachúa Gallego (Técnico Especialista en Explotaciones Agropecuarias) son los autores de este curso que, cada trimestre aparece en nuestra edición impresa de la revista de apicultura desde hace mucho tiempo y que, a partir de ahora, lo hará también en nuestra página web, desde su primer artículo. Los propios autores explican que su objetivo es fundamentalmente didáctico y creemos que servirá de gran utilidad a todos los que se inicien en el maravilloso mundo de la apicultura o para los que deseen recordar 'viejos' conceptos.
 
Capítulo XIII: Flora apícola (II). Vegetación de interés para las abejas
 
El asentamiento apícola ideal, capaz de reunir todas las características deseables que se enunciaron en el capítulo anterior respecto a la flora de continuidad y convertible, no existe o escasea, los apicultores han de sopesar, de entre los lugares en los que les está permitido colocar sus colmenas, aquellos que reúnan el mayor número de cualidades posibles.

Las abejas necesitan para su subsistencia una serie de azúcares contenidos en el néctar y los mielatos, además de las proteínas, vitaminas y minerales contenidos en el polen. Pero ésta no es una dependencia unilateral y, por tanto desigual, a favor de las abejas; las plantas necesitan que estos insectos realicen una "tarea" esencial para las mismas, sin la cual, su continuidad vital se vería seriamente comprometida: la polinización.
Para tratar de comprender mejor la estrecha relación existente entre plantas y abejas, analizaremos las claves de relación que las unen y que forman parte del intercambio que realizan: el néctar, los mielatos y el polen por una parte y la polinización, por otra.

EL PASTO DE LAS ABEJAS

En ocasiones, la misma meteorología que propicia el desarrollo y la proliferación de muchas especies vegetales por exigencias de un determinado régimen pluviométrico dificulta, al mismo tiempo, que las abejas encuentren intervalos apropiados que les permitan realizar regularmente su recogida de alimentos. Ocurre de forma parecida en las zonas muy castigadas por el viento, de modo que una simple observación de la flora de ciertas áreas puede ser insuficiente si no se tienen en cuenta otros factores importantes para la pecorera, como es la frecuencia, intensidad y duración de los principales fenómenos meteorológicos.
El suelo de los bosques cuando son jóvenes, permite que se desarrolle una gran diversidad de plantas herbáceas, arbustos y matas de diversa consistencia. Cuando el estrato arbóreo crece, impide el desarrollo de este tipo de vegetación (sotobosque*), ya que la luz no permite atravesar las copas de los árboles. Además, sus hojas se van acumulando en el suelo, lo que aporta, a menudo, una componente de tipo químico que puede llegar a impedir el crecimiento de otras plantas.
Para la práctica de la apicultura interesan zonas boscosas, pero en entornos abiertos ya que, de otro modo, las especies de menor porte sufren una seria desventaja como la falta de luz. Por lo general, presentan una especie dominante, entre la que intercalan claros con árboles jóvenes, arbustos, matorrales y plantas herbáceas. Estos bosques mixtos abiertos, como son los encinares adehesados o "montes huecos" sin sombra uniforme gozan, excepto en los meses de caluroso verano, de un ambiente húmedo. En ellos es frecuente la existencia de puntos de agua que aprovechan las distintas formas de vida, establecidas en su área de influencia, resguardadas y al abrigo de fuertes heladas, incluso las plantas que se encuentran en las lindes y claros más despejados. El motivo no es otro que la "puesta en marcha" de su metabolismo por el calor de los rayos solares.
 
PASTOS, PRADERAS Y CULTIVOS
Los pastos y las praderas son campos mayoritariamente cubiertos de especies vegetales diversas que se conocen con el nombre genérico de hierba. Los primeros constituyen sistemas naturales en los que crece todo tipo de especies herbáceas silvestres por los que pasta el ganado de forma ocasional. En las praderas se instalan cultivos con fines económicos, fundamentalmente especies forrajeras. Suelen ser a base de plantas de crecimiento rápido introducidas artificialemente, en las que se recomienda practicar una rotación de cosechas. Si estas especies forrajeras melíferas se dedican a la obtención de semillas, es cuando verdaderamente son aprovechables por las abejas y pueden llegar a obtenerse rendimientos de importancia. En el caso de que su dedicación sea exclusivamente proporcionar alimento al ganado, sólo las plantas que florecen tempranamente, o cuando el agricultor descuida algunos días la tarea de segar, permiten el pleno aprovechamiento apícola.
Aunque son múltiples las técnicas agrícolas, las grandes superficies han perdido buena parte de su original y biodiversa identidad. La mayor parte ha sido sometida a procesos de homogeneidad. Para ellas, las semillas de los campos de cultivo suelen estar seleccionadas, al igual que las gramíneas* híbridas de los campos de cereales, constituyendo cultivos monoespecíficos, literalmente diseñados para crecer en cualquier tipo de suelo y en el que no permiten el desarrollo de otras pequeñas plantas competidoras con flores. Sin embargo, en las borduras y aledaños suelen instalarse plantas melíferas (malas hierbas*), sobre todo al socaire de zonas húmedas y cuidadas que, como mucho y dada su cada día menor abundancia, pueden llegar a constituirse en un pequeño reservorio de flora de continuidad (zonas de vega, proximidades de regadíos, acequias y caminos).
 


MATORRALES
Las extensiones de matorral son terrenos intermedios que alguna vez estuvieron ocupados por un bosque o por un prado. En estas zonas crecen plantas arbustivas, herbáceas, matorrales y árboles jóvenes. En España, este tipo de formaciones son las más importantes en cuanto a la superficie que ocupan, aproximadamente un 25 por ciento. En el matorral se pueden diferenciar dos situaciones diferentes: el maquis (o maquia) y la garriga (o garric). El maquis es una formación de matorral denso y alto, generalmente de más de dos metros, en las que puede tener asiento algún pequeño árbol, siempre de forma aislada. En la garriga, el matorral es denso, pero su porte es menor que en el caso anterior, es una etapa de empobrecimiento del maquis en la que la masa vegetal deja pasar la luz y el calor hasta el suelo, con lo que la escasa humedad existente se evapora, apareciendo la tierra infértil y reseca, sobre todo en verano.
Suelen instalarse comunidades vegetales que dependen unas de otras, fundamentalmente en lo que se refiere a los períodos de crecimiento y floración. Según la especie predominante, se denominan romerales, jarales, tomillares, esplegares, cantuesares, brezales, gamonales, retamares etc. Constituyen excelentes espacios para la práctica apícola si consiguen reunir alguna característica más como es la de ser accesibles y posibilitar la instalación física de colmenares. Suelen ser zonas muy expuestas a dos males endémicos de nuestro tiempo: los incendios, uno de cuyos objetivos es obtener más terreno para pastos, y el pisoteo degradante que termina con los brotes tiernos y, a veces, con toda la planta, cuando soportan una sobrecarga ganadera o un pastoreo aprofesional. En estas zonas tan lábiles, algunas de sus especies cuentan con un sistema radicular reducido. El suelo tiende a presentar escasa consistencia y la estabilidad de las laderas depende exclusivamente de las hierbas que crecen sobre ellas. En todos estos casos, al ser eliminadas por el ganado, bien por consumo o por pisoteo, el suelo se desmorona y sufre un severo arrastre cada vez que un agente atmosférico hace su aparición. La tierra se queda cada vez más desnuda, con un mínimo grado de recubrimiento, sin posibilidades de adquirir "tempero" generador de diferentes formas de vida, adquiriendo un aspecto que recuerda al desierto.
En las extensiones de matorral donde hay una especie dominante de interés apícola, tienen lugar buenas mieladas y, seguramente, cosechas monoflorales. Si se trata de matorral mixto de floración no simultánea, permite la obtención de una o varias cosechas, según la abundancia, posibilitando el asentamiento de las colmenas una buena parte del año o, incluso, la totalidad. Un ejemplo de esta situación lo constituyen algunas zonas del territorio en las que se suceden laderas próximas con distinta orientación en las que aparece el romero, a cuya floración sigue el tomillo. A esta especie le sucede la ajedrea y la salvia, y en las laderas próximas, más de umbría, las abejas pueden recolectar, posteriormente, el néctar que la floración del espliego les proporciona o, en los casos intermedios, disfrutar de una prolongación de la oferta debido al benéfico desfase al que estos microclimas inducen. En España, cada vez es menos habitual la existencia de setos vegetales en los cercados de las fincas y propiedades, que constituyen una excelente excusa cuando son de naturaleza melífera para su aprovechamiento. Los huertos tradicionales, en los que tiene su asiento siempre alguna especie útil para las abejas, se están viendo reducidos al quedar en manos de ancianos que, por ley natural, cada vez van siendo menos. Los bordes de los caminos y carreteras resultan también terrenos de amenazado valor y van mermando su haber de flora de mantenimiento, debido a la indiscutible utilización de herbicidas*. Los ejemplos podrían ser muy numerosos para tratar de confirmar esta impresión: el paisaje se está banalizando y uniformizando y se va empobreciendo en especies vegetales cuyo papel, de manera directa o indirecta, tanto tiene que ver con los recursos globales de interés apícola.
 
REFLEXIONES SOBRE EL DETERIORO DEL PASTO APÍCOLA Y EL MEDIO AMBIENTE
La realidad es que el pasto apícola se está viendo reducido día a día. Una serie de nefastas causas hacen que el medio físico sea más inhóspito y difícil para el desarrollo de este tipo de ganado.
A grandes rasgos, hay planteados sobre el medio ambiente una serie de problemas, cada uno de ellos con enorme trascendencia: contaminación del aire y del agua, extinción de especies y subespecies en beneficio de variedades únicas más productivas con la consiguiente pérdida de diversidad biológica; erosión de los suelos; degradación de vertientes y cuencas de los ríos; reducción de superficies no cultivadas; deforestación, que conlleva tala de árboles e incendios para poner en circulación más tierras "explotables".
A esta serie de calamidades se les puede unir prácticas pastoriles inadecuadas, cuando la carga ganadera que soporta es excesiva, como aniquilador de la cubierta vegetal y compactador e impermeabilizador de la estructura del suelo. Las causas de todo ello podrían buscarse en el hecho de que el hombre ha aprendido a transformar la naturaleza desde que hizo su aparición en el planeta. Pero lo verdaderamente novedoso es la celeridad inusitada con la que se está llevando a cabo. Se han producido espectaculares innovaciones científicas y ténicas a una velocidad que, seguramente, la especie humana no ha sido capaz de seguir en otros aspectos no tan relacionados con temas materiales.
La colonización de casi toda la totalidad del espacio terrestre, la explosión demográfica y el rápido desarrollo de los procesos de industrialización, han desembocado en la práctica de una cultura consumista y de aniquilamiento que ha desarrollado escasa sensibilidad hacia los problemas de degradación. En sentido amplio, sólo parece preocupar la obtención desmesurada de recursos, aún a costa de la utilización masiva y sin respeto del medio ambiente. El comportamiento social que la humanidad ha seguido en estas últimas décadas, será razón suficiente para que este período lo dibujen, quizá, los tratados de historia, como "una época de regresión cultural en relación al comportamiento seguido con respecto al medio ambiente, en la que el rápido desarrollo y el progreso científico estancó a los humanos, que no supieron encauzar el gran potencial que tuvieron en sus manos y se dedicaron a hacer un uso abusivo de la naturaleza".
Pero, tan fundamentalista resulta el conservadurismo puro y a ultranza como el desarrollo feroz. Seguramente, es cuestión de buscar y hallar un punto de equilibrio razonable donde se encuentre el camino a seguir, sin tener que renunciar a los logros que generan los avances del conocimiento, y que permita disfrutar, a la vez que respetar, la actividad vital.
El problema alcanza tales dimensiones que no tiene visos de fácil solución mediante la toma de medidas coercitivas. Seguramente, hay que abordarlo a escala planetaria, siguiendo un modelo socio-económico de producción y consumo en equilibrio y armonía con el medio ambiente; al tiempo que habrá que llevar a cabo un profundo cambio en el modelo educativo y de escala de valores en nuestra sociedad.
Los apicultores tienen la gran suerte de ser una especie de "guardianes de la naturaleza", buscadores y cuidadores de la flora, celosos de su mantenimiento y desarrollo ya que, en la medida en que se beneficien las abejas, se benefician ellos, aunque sea por el egoísmo de cuidar lo que se necesita. Tienen contacto y vivencias con el medio, adquiridas en las muchas horas que pasan inmersos en él y pueden transmitirlas a quien escuche. Alguien se tendrá que aplicar en la revalorización del sentido común y alguien tendrá que dar ejemplo, en lugar de hacer daño a la madre Tierra.

OFICIO
Una de las plagas más nefastas que se sufren en la actualidad, y con especial virulencia en las zonas mediterráneas, es el fuego. Este elemento es uno de los agentes que más altera la vegetación y con mayor frecuencia, favoreciendo el avance de la deforestación.
En los países mediterráneos concurren una serie de factores que propician que su vegetación sea especialmente vulnerable al fenómeno:
* Las condiciones climáticas favorecen su desarrollo: períodos de sequía prolongados con altas temperaturas y vientos secos y frecuentes.
* La vegetación dominante es esclerófita, fácilmente inflamable y con escaso contenido de agua en verano. * El abandono del medio rural de sus pobladores que, a su vez, eran cuidadores del mismo y consumidores de leña como material combustible, ha provocado que la suciedad se adueñe de los montes y, más aún, que los conocedores de cada palmo de terreno se encuentren lejos cuando se produce el incendio.
* La utilización del fuego con fines agrícolas y ganaderos (quema de pastos y rastrojos) constituyen prácticas muy arraigadas que, a menudo, desembocan en este tipo de catástrofes.
* La creciente moda de la necesidad de mayor contacto con la naturaleza pone en manos de numerosos visitantes ingenuos la peligrosa herramienta que puede constituir el fuego cuando se utiliza con desconocimiento y negligencia en tiempo de ocio.

GLOSARIO
Gramínea: planta herbácea monocotiledónea, perteneciente a la familia del mismo nombre, representada por más de 10.000 especies. Posee un tallo cilíndrico y hueco, excepto en los nudos, las flores reunidas en espigas y el fruto de tipo carióspide. Están extendidas por todo el mundo, ocupando principalmente estepas, praderas y prados alpinos. Pertenecen a esta familia los cereales, plantas forrajeras y muchas otras como, por ejemplo, el esparto, la caña de azúcar o el bambú.
Herbicidas: agentes químicos que eliminan o impiden el crecimiento de otros vegetales llamados "malas hierbas" de los cultivos. Hasta hace pocos años, esta labor o escardeo era realizada a mano por los agricultores. Existen múltiples tipos de herbicidas que ejercen su actuación sobre los vegetales de diversa forma y con una persistencia en el suelo variable.
Mala hierba: Término que se aplica a cualquier planta herbácea no deseada que irrumpe en un terreno, invadiéndolo rápidamente. Es indiferente la utilización de la tierra: pastizales, campos de cultivo, barbecho etc.
Sotobosque: vegetación arbustiva que se cría en el bosque y que alcanza menor altura que su arbolado.