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Las últimas lluvias no palían los graves efectos que ha causado la sequía en la apicultura conquense.

Desde hace unos días estamos disfrutando en la provincia de Cuenca de un otoño bastante lluvioso con precipitaciones todas las semanas y un campo recuperándose, pero lamentablemente los efectos de la pertinaz sequía que se ha alargado durante prácticamente cinco meses no se pueden paliar por muchas precipitaciones que haya próximamente.
Uno de estos efectos es sobre la apicultura, pues las colmenas han sufrido una sequía pertinaz durante todo el verano y parte del otoño, con altas temperaturas hasta bien entrado el mes de octubre y será complicado que se puedan recuperar de esta circunstancia.
En este sentido, aunque las lluvias siempre vienen bien para que el campo se recupere, la tierra y las plantas prácticamente no han tenido agua y no se ha producido la floración con normalidad y llegan ahora con temperaturas más bajas que impiden el normal desarrollo de las colmenas y del trabajo de los apicultores.
Por este motivo, desde la Asociación Conquense de Apicultura están intranquilos porque es probable que empiecen a aparecer las enfermedades entre su cabaña ganadera y pierdan un gran número de abejas, reduciendo en gran medida su producción debido a lo caprichoso de la meteorología durante este año.
Desde el mes de junio prácticamente no ha caído ninguna gota sobre el campo conquense y pese a que la primavera fue generosa en agua, la pertinaz sequía ha sido demasiado castigo para un campo conquense que parecía que iba a tener agua de sobra para pasar el verano, pero es que la ausencia de precipitaciones se ha alargado hasta bien entrado el otoño.
En este caso ha pasado lo contrario que hace unos meses cuando las muchas lluvias de primavera parecía que iban a impedir la floración y producir una campaña muy negativa, pero finalmente llegó el sol y el calor y pudo haber una campaña bastante buena para la apicultura conquense tras un año pasado que resultó verdaderamente negativo.
Fue un caso completamente contrario al que nos encontramos ahora cuando la sequía ha dado lugar a la lluvia, bien al revés, en verano, cuando parecía que el agua anegaba el campo, pero luego salió el sol y subieron las temperaturas y empezaron a florecer las plantas de las que liban las abejas para obtener la miel, sobre todo el romero, la más frecuente en las mieles de esta zona.
Recordamos que la mayoría de las explotaciones en la provincia de Cuenca no son estrictamente profesionales, sino que son pequeños ganaderos que tienen esta actividad como complementaria los que cuentan con las colmenas y por este motivo una sequía como la sufrida durante más de cuatro meses puede resultar especialmente negativa para luego poder remontar resultados.
Sin duda ha sido un año en el que la climatología ha sido muy caprichosa con la apicultura en Cuenca y mientras tuvimos una primavera muy lluviosa, luego hemos tenido un otoño particularmente seco, dos aspectos que sin duda han influido en la cabaña ganadera y también han afectado a la floración y a la existencia de enfermedades en las colmenas.
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